Cáncer de hígado
Prevalencia
Diagnóstico
Tratamiento
- Tratamientos de ablación térmica
- Los tratamientos del futuro
- Tratamientos para las complicaciones relacionadas con el cáncer
Bibliografía
Tratamientos mediante radiología intervencionista para el cáncer de hígado
El mejor tratamiento para los tumores hepáticos es la extirpación quirúrgica. Desgraciadamente en muchos casos los tumores hepáticos son inoperables debido a su gran tamaño o a que el tumor ha invadido importantes vasos sanguíneos u otros órganos vitales. En algunos casos hay muchos tumores pequeños esparcidos por el hígado, por lo que una intervención quirúrgica se hace demasiado arriesgada o impracticable. En dos tercios de los casos de cáncer hepático primario y el 90% de los casos de cáncer hepático secundario no es posible extirpar los tumores mediante cirugía. Además se ha demostrado que la quimioterapia no es eficaz en el tratamiento del cáncer de hígado.
Prevalencia
Tumores hepáticos primarios
Cada año se diagnostican alrededor de 500.000 casos de cáncer de hígado en todo el mundo. El tipo más frecuente de cáncer hepático es el carcinoma hepatocelular, un tumor que empieza a crecer en las células propias del hígado (hepatocitos). La frecuencia de aparición de estos tumores es el doble en los hombres que en las mujeres.
En la mayoría de los casos, el carcinoma hepatocelular aparece en personas que sufren de cirrosis. La cirrosis es una enfermedad que da lugar a fallos en la funcionalidad hepática, produciéndose cicatrices en el hígado, generalmente a lo largo de muchos años. Cuando este órgano intenta regenerarse es cuando aparecen los tumores. Las causas más frecuentes de cirrosis en Europa son el alcoholismo y las infecciones crónicas hepáticas como hepatitis B y C.
La prevalencia del carcinoma hepatocelular está aumentando en todo el mundo debido al incremento de personas afectadas de hepatitis C.
Cáncer hepático metastásico
El cáncer hepático puede empezar como otro tipo de cáncer, originado en una zona distinta del cuerpo y que luego pasa al hígado, donde las células cancerígenas pueden crecer a lo largo de meses o años sin ser detectadas. Uno de los orígenes más comunes del cáncer hepático metastásico son los tumores colorrectales. Aproximadamente el 10% de los pacientes pueden llegar a curarse mediante la extirpación quirúrgica de los tumores hepáticos.
Los pacientes afectados de 0tros tipos de cáncer también corren el riesgo de desarrollar tumores hepáticos, ya que el hígado sirve de filtro para las células cancerígenas que circulan por los vasos sanguíneos. Estas células pueden quedarse en el hígado, donde crecen y forman tumores. Se calcula que hasta el 70% de los pacientes con cáncer incontrolado tarde o temprano desarrollan tumores hepáticos secundarios (metástasis).
Diagnóstico
Hay varios tipos de exámenes que pueden ayudar en el diagnóstico del cáncer, como la analítica sanguínea, exámenes físicos y una serie de técnicas de diagnóstico por imagen. Entre éstas últimas se encuentran la radiografía, mamografía, tomografía computerizada, resonancia magnética y ecografía. No obstante generalmente debe llevarse a cabo una biopsia para el diagnóstico final.
Biopsia
En una biopsia se extrae una muestra de tejido de la zona anormal o el tumor para que la pueda examinar un anatomopatólogo. Los anatomopatólogos y otros especialistas son capaces de determinar, examinando estas muestras de tejido, de qué tipo de cáncer se trata y si es más probable que sea de crecimiento lento o rápido. Esta información es importante para poder decidir el mejor tipo de tratamiento. A veces es necesario llevar a cabo una intervención quirúrgica para obtener la muestra de tejido requerida para una biopsia. No obstante en la mayoría de los casos se puede obtener una muestra sin cirugía gracias a técnicas de radiología intervencionista.
Biopsia por punción
La biopsia por punción, también llamada biopsia guiada por imagen, generalmente se lleva a cabo usando fluoroscopia (rayos x continuos), tomografía computerizada, ecografía o resonancia magnética. Las imágenes producidas por los equipos “estereotácticos” permiten al radiólogo ver la parte del cuerpo en cuestión desde varios ángulos y le ayudan a determinar la ubicación exacta del tejido anormal.
La biopsia por punción generalmente es un procedimiento ambulatorio con muy pocas complicaciones. Sólo en un un0 por ciento de los casos el paciente sufre una hemorragia o infección. En aproximadamente el 90 por ciento de las biopsias por punción se logra obtener suficiente tejido para que el anatomopatólogo pueda determinar si el tejido es anormal.
Ventajas de la biopsia por punción:
• Con la ayuda de las técnicas de diagnóstico por imagen se puede extirpar una muestra de la zona afectada sin lesionar los tejidos adyacentes, como órganos vitales y vasos sanguíneos.
• El paciente no sufre el dolor, las cicatrices ni las complicaciones asociadas con la cirugía abierta.
• El tiempo que el paciente necesita para recuperarse de la intervención generalmente es más corto que después de una cirugía, permitiéndole reanudar su actividad diaria más rápidamente.
Una técnica parecida, la punción-aspiración con aguja fina (PAAF), también puede usarse para extraer células de un tumor o examinar líquidos que se han acumulado en alguna parte del cuerpo. A veces estas acumulaciones de líquidos pueden drenarse a través de un catéter, por ejemplo cuando se ha detectado una infección.
Muchos de los procedimientos que la radiología intervencionista ofrece para el diagnóstico y tratamiento del cáncer pueden llevarse a cabo de forma ambulatoria o sólo requieren un período corto de hospitalización.
En muchos casos estos procedimientos
• Ofrecen nuevas formas de tratamiento
• Son menos dolorosas y debilitan menos al paciente
• Permiten una convalecencia más rápida
• Causan menos complicaciones y efectos secundarios
Tratamientos
Los radiólogos intervencionistas pueden combatir el cáncer desde el interior del cuerpo sin necesidad de medicación y sin afectar a otras partes del organismo gracias a la embolización y la ablación por radiofrecuencia.
Los tumores necesitan sangre para abastecerse de oxígeno y nutrientes y para poder crecer, por lo cual forman sus propios vasos sanguíneos. Como expertos vasculares, los radiólogos intervencionistas son capaces de usar el sistema vascular para hacer llegar tratamientos al lugar indicado del cuerpo mediante un catéter.
La embolización es un técnica intervencionista bien establecida que se usa en el tratamiento de hemorragias graves, en mujeres que acaban de dar a luz, para prevenir la pérdida de sangre antes de intervenciones quirúrgicas y para tratar tumores. Los radiólogos intervencionistas combaten el cáncer usando la embolización para interrumpir el flujo de sangre hacia el tumor (embolización) o combinando la embolización con medicamentos de quimioterapia para hacer llegar los fármacos directamente al tumor (quimioembolización). Además los radiólogos intervencionistas, utilizando las técnicas de imagen en las que son especialistas, pueden introducir una sonda en el tumor y quemarlo con energía de radiofrecuencia o congelarlo con una sonda de crioablación, matando así las células tumorales.
Quimioembolización
La quimioembolización es un tratamiento de mínima invasión que puede usarse en combinación con la ablación por radiofrecuencia (ARF), cuando el tumor hepático es demasiado grande para el tratamiento con ARF o cuando la ubicación del tumor no permite que se realice dicha ablación.
En la quimioembolización se administra una dosis alta de fármacos antitumorales directamente al tumor. Al mismo tiempo se detiene (se emboliza) el flujo de sangre hacia el tumor. Con la ayuda de técnicas de imagen el intervencionista introduce un fino catéter en la ingle y lo sube por la arteria femoral hasta llegar a los vasos sanguíneos que riegan el tumor. Al bloquear el flujo sanguíneo hacia otras partes del cuerpo, los agentes embolizantes consiguen que los quimioterapéuticos permanezcan en el tumor. Esto permite administrar dosis más altas de dichos medicamentos sin dañar a las células sanas del resto del cuerpo. La quimioembolización generalmente requiere la hospitalización del paciente entre dos y cuatro días.
La quimioembolización es un tratamiento paliativo, no curativo; aunque puede llegar a ser muy eficaz en el tratamiento del cáncer de hígado, sobre todo cuando se combina con otras terapias. La quimioembolización ha demostrado resultados tempranos prometedores en algunos tipos de tumores metastásicos.
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Radioembolización con Itrio-90
La radioembolización es muy parecida a la quimioembolización con la diferencia que en la quimioembolización se usan microesferas radioactivas. Este tipo de tratamiento se usa tanto para tratar tumores hepáticos primarios como metastásicos. Con la incorporación del isótopo radioactivo Itrio 90 en las microesferas se puede aplicar la radiación directamente en el tumor. Cada microesfera tiene el diámetro aproximado de cinco glóbulos rojos. Las esferas se introducen en las arterias que riegan el tumor desde la ingle del paciente. Se quedan localizadas en los vasos del tumor y desde ahí empiezan a emitir la radiación local que causa la muerte de las células cancerígenas. Esta técnica permite administrar una mayor dosis local de radiación sin dañar el tejido sano del paciente. El Itrio 90 puede considerarse radiación “interna”, dado que se administra desde el interior del cuerpo.
La radioembolización es un tratamiento paliativo, no curativo. No obstante aporta importantes beneficios para el paciente, prolongando las expectativas de vida y mejorando la calidad de la misma. Se trata de una forma de terapia relativamente nueva que ha demostrado ser eficaz en el tratamiento del cáncer hepático primario y metastásico. La radioembolización causa menos efectos secundarios que los tratamientos tradicionales, siendo el efecto secundario más frecuente la aparición de fatiga de 7 a 10 días de duración.
Tratamientos de ablación térmica
Ablación por radiofrecuencia (ARF)
La ablación por radiofrecuencia es un tratamiento local no-quirúrgico para tumores hepáticos inoperables que permite matar las células cancerígenas mediante el uso de calor sin dañar los tejidos sanos. Al tratarse de un tratamiento localizado, no provoca efectos secundarios sistémicos y puede llevarse a cabo sin afectar el estado general del paciente. En la mayoría de los casos, los pacientes tratados con ARF pueden reanudar su actividad diaria en unos pocos días.
Para llevar a cabo una ablación por radiofrecuencia el radiólogo intervencionista primero introduce una aguja fina a través de la piel hasta llegar al tumor. Luego hace pasar una corriente de radiofrecuencia por la aguja, lo que produce un gran calor en la punta. Este calor se transmite al tejido tumoral, quemando las células cancerígenas. El tejido muerto se encoge después, formando una cicatriz interna.
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Eficacia
Generalmente se trata de un tratamiento paliativo, si bien puede aumentar bastante las expectativas de vida en una pequeña proporción de los casos. Dependiendo del tamaño del tumor, la ablación por radiofrecuencia puede hacer que disminuya o incluso desaparezca, alargando el tiempo de vida que le queda al paciente y mejorando considerablemente su calidad de vida.
Debido a que se trata de un tratamiento local que no perjudica el tejido sano, la ARF puede repetirse cuantas veces haga falta para asegurar una buena calidad de vida para el paciente. Es un tratamiento seguro con un bajo índice de complicaciones que se usa desde finales de los años 90.
Gracias a esta técnica es posible disminuir el tamaño de tumores grandes y tratar nuevos tumores en cuanto aparecen, aliviando así el dolor y otros síntomas debilitadores. Aunque los tumores no sean dolorosos en sí mismos, pueden causar dolor cuando presionan nervios u órganos vitales. La ARF es eficaz en tumores de tamaño pequeño a mediano. Se espera que en el futuro también se pueda usar para los tumores de gran tamaño.
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ANTES
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DESPUES
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Un tumor tratado con ARF
El tejido muerto aparece más grande y oscuro que el tejido vivo del tumor. Con el tiempo el tumor se encoge, mientras que el cuerpo absorbe y excreta las células muertas.
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Beneficios
• Es más eficaz cuando todo el cáncer está localizado a nivel hepático
• Puede usarse para el tratamiento de cáncer hepático primario tanto como para tumores metastásicos
• Generalmente no requiere anestesia general
• Se tolera bastante bien. La mayoría de los pacientes puede reanudar su actividad diaria el día siguiente, aunque pueden sentirse cansados durante varios días
• Puede repetirse si es necesario
• Puede combinarse con otros tratamientos
• Puede aliviar el dolor de muchos pacientes de cáncer
Crioablación
La crioablación funciona de forma parecida a la ARF. En ella también se administra energía con una sonda que se introduce en el tumor a través de la piel. A diferencia de la ARF, que mata los tumores con calor, la crioablación se sirve de frío extremo para congelarlos. Se trata de una técnica que los cirujanos vienen usando desde hace muchos años, pero gracias a que cada vez las agujas son más finas, los radiólogos intervencionistas hoy también las pueden usar para llevar a cabo esta técnica a través de una pequeña incisión en la piel sin necesidad de una intervención quirúrgica. Se forma una esfera de hielo alrededor de la sonda que va creciendo de tamaño y destruye las células cancerígenas.
Los tratamientos del futuro
La radiología intervencionista tiene un papel importante en el desarrollo de técnicas que podrían mejorar el tratamiento del cáncer en el futuro, por ejemplo el uso de partículas magnéticas para atraer los medicamentos al tumor y la introducción de material genético para combatir o prevenir la formación de tumores, lo que se conoce como terapia génica. Aunque estas técnicas aún están en fase de ensayo, ofrecen nuevas esperanzas en la lucha contra el cáncer.
Quimioterapia magnética
Actualmente la radiología intervencionista está desarrollando una nueva técnica en la cual se usan partículas magnéticas para atraer los medicamentos a los tumores. En este procedimiento minúsculas partículas magnéticas se unen a los fármacos quimioterápicos para ser luego introducidas en el vaso sanguíneo que alimenta al tumor. Se coloca entonces un imán de tierras raras por encima del paciente, en la zona del tumor, que atrae las partículas junto con los medicamentos haciendo que salgan del vaso y se introduzcan en el tumor.
Aunque la quimioterapia magnética aún está en fase de ensayo, los primeros estudios han dado resultados prometedores. Los médicos esperan que esta técnica podrá aumentar la eficacia de la quimioterapia evitando al mismo tiempo algunos de sus efectos secundarios, como las nauseas y la pérdida de pelo.
Terapia génica
En los últimos años, el conocimiento científico en materia genética ha avanzado mucho. Los genes, las unidades básicas de la herencia, juegan un papel en la formación de tumores. Estos nuevos conocimientos permiten a los científicos actuar sobre el material genético de los pacientes para combatir o prevenir el cáncer. Aunque la terapia génica aún está en fase experimental, los científicos esperan que en el futuro se pueda usar para
• Introducir genes que combaten el cáncer en las células del sistema inmunitario del paciente para que puedan luchar mejor contra la enfermedad
• Extraer células cancerígenas del cuerpo y modificarlas genéticamente para que el sistema inmunitario del paciente las combata con más fuerza. Las células cancerígenas así modificadas actuarían como una especie de vacuna contra el cáncer.
• Reemplazar los genes que causan el desarrollo de cáncer por genes “sanos”
• Inyectar genes en el tumor que lo hagan más susceptible a la quimioterapia u otros antitumorales
• Hacer que la médula y los otros órganos del paciente sean más resistentes frente a la quimioterapia. De esta manera ésta sólo mataría a las células cancerígenas y no al tejido sano.
Uno de los retos para la terapia génica es encontrar maneras seguras y eficaces de hacer llegar los genes o las células genéticamente modificadas al sitio del tumor. Se espera que los radiólogos intervencionistas asuman un papel importante en esta nueva tecnología gracias a sus conocimientos en el uso de rayos X y otras técnicas de imagen que les permiten manejar catéteres y otros instrumentos dentro del cuerpo del paciente.
Tratamientos para las complicaciones relacionadas con el cáncer
Existen también diversas técnicas de radiología intervencionista para tratar las complicaciones relacionadas con el cáncer, como dolor, hemorragias, obstrucción de órganos vitales, coágulos sanguíneos e infecciones. Aunque estos tratamientos no curan el cáncer, pueden aliviar los dolores, aumentar la esperanza de vida y mejorar la calidad de vida del paciente.
Tratamiento del dolor
El tratamiento del dolor es uno de los aspectos más importantes en el tratamiento de cáncer, ya que el dolor no sólo afecta la calidad de vida del paciente y su capacidad de llevar una vida normal, sino que también disminuye su tolerancia frente a los tratamientos necesarios contra el cáncer. En muchos casos el paciente sufre dolor debido a que el tumor ha crecido invadiendo nervios y tejidos adyacentes. Para tratar este tipo de dolor el radiólogo intervencionista introduce un catéter o una aguja en la zona afectada a través de la cual administra alcohol, calor u otro agente que destruye el tumor responsable del dolor.
Una complicación particularmente dolorosa aparece cuando el cáncer da lugar a tumores metastásicos en los huesos. En un tratamiento llamado embolización el radiólogo intervencionista puede inyectar partículas del tamaño de granos de arena a través de un catéter en la arteria que riega el tumor, dando lugar a un coágulo que disminuye el riego sanguíneo, reduciendo así el dolor y la probabilidad de que el hueso se fracture. Además el radiólogo intervencionista puede administrar energía de radiofrecuencia para calentar y así matar la parte del tumor responsable del dolor.
Tratamiento de las hemorragias
Cuando un cáncer se expande hacia vasos sanguíneos puede causar hemorragias. El radiólogo intervencionista puede acceder a los vasos afectados a través de un catéter, embolizándolos para crear un coágulo que detenga la hemorragia.
Tratamiento de la obstrucción de órganos e infecciones
El cáncer puede obstruir el flujo de diversos fluidos orgánicos, como orina o bilis, por lo que estos líquidos se acumulan en el cuerpo. Si no se tratan, este tipo de obstrucciones son dolorosas, y pueden dar lugar a una infección o incluso al fallo completo del órgano. Con la ayuda de técnicas de diagnóstico por imagen el radiólogo intervencionista puede introducir un catéter en el cuerpo del paciente para drenar el líquido. En muchos casos se introduce una pequeña malla llamada stent en el órgano para re-abrir la obstrucción y permitir el drenaje interno del líquido.
Tratamiento de los coágulos sanguíneos
Un efecto secundario común del cáncer y de los tratamientos que se emplean contra el cáncer es la formación de coágulos sanguíneos (émbolos), que pueden incluso ser mortales si se desplazan hacia el cerebro, los pulmones o el corazón. La radiología intervencionista ofrece dos tratamientos que pueden reducir el riesgo que representan los coágulos de sangre:
- Trombolisis intra-arterial
En esta técnica el radiólogo intervencionista guía un catéter a través de los vasos sanguíneos hasta llegar al lugar del coágulo, donde inyecta diferentes fármacos que lo disuelven.
- Colocación de un filtro
Esta técnica se usa con frecuencia cuando se detecta un coágulo en los vasos de las piernas (es lo que se conoce como trombosis venosa profunda). El radiólogo intervencionista coloca un pequeño filtro en la vena cava, el vaso que recibe la sangre de las extremidades inferiores y la lleva hasta el corazón. Si un coágulo se moviliza de la vena de la pierna, este filtro puede atraparlo antes de que pueda llegar al corazón.
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Edited by R. Lencioni
July 2005
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